La Tierra en transición – 4

Un salto cuántico

Del encuentro del Rojo Tierra, del amor por la materia que sano, y el Blanco del ‘aquí yo no mando’ nace el Rosado, emanación del amor compasivo, extendido a todo el grupo humano. La rosa es un octógono formado por dos cuadrados, uno Rojo y otro Blanco, y sigue operando en el fondo de nuestro campo áurico, en el interior de la Tierra que sano con mi nuevo estado más liviano, me rindo y así gano, nace un nuevo espacio.

(Dibujo IV) La Tierra parece haberse desdoblado. El primer dibujo parecía un corte transversal de un cuerpo, piel, carne, huesos, médula…. El segundo nos remite a una célula…. Éste nos recuerda dos pupilas, son dos ojos reunidos por una corriente en forma de infinito o lemniscata, símbolo del ‘yo soy’, de la unión en un solo movimiento de dos direcciones opuestas.

El octógono sigue procesando la aspereza entre mi núcleo y la corteza, entre el principio masculino blanquecino y el bermellón o principio femenino que se torna ahora violáceo, está transmutando, un nuevo equilibrio se ha encontrado. El Rayo Rosa emanado por la rosa que sigue girando sostiene a nuestro Rayo Dorado, el compromiso, el amor hacia uno mismo. El campo crístico o acrisolado de cada ser ha nacido, hay un aviso, el salto se está preparando hacia un nuevo blanco, nuestro ser creativo está conformando el Rayo Verde-Azulado o Turquesa, el insumiso! Hemos subido un piso, un estado más sutil y preciso donde tantos colaboramos y, aunque sigamos individualizados, asumimos que el cambio se produce colectivizando y respetando la diferencia.

(Detalle Dibujo IV) En el núcleo de la Tierra entra y penetra esa rosa que en los anteriores dibujos aparecía en su perímetro. El ser se centra y se concentra, reconoce que en su interior, en su corazón, es donde se encuentra la solución a aquello que vive como problemas. El Rayo Morado o Magenta oscuro junto al Rosado generan el dorado, la frecuencia más sagrada de esta línea de tiempo en el planeta Tierra.
(Detalle Dibujo IV) El ojo Turquesa lleva el Rosado como meta, ha integrado su amor hacia sí mismo y hacia el planeta como un todo indiviso. Ya no proyecta sus miedos, introyecta, así expande su realeza (el Dorado en su cabeza). El Turquesa es el plano de la expresión, de la creatividad genuina de toda naturaleza, es una frecuencia que da paso a una nueva propuesta: el sentido de pertenencia integrando la diferencia. Es actuar sin indiferencia por el bien común, es obtener la visión, la capacidad de sanar y articular la particular destreza de cada participante en este plano en coordinación con el campo unificado que colabora, es aceptado: la rejilla crística o acrisolada que envuelve el planeta que sufría y hemos logrado reparar. Nuevos seres nacen y nacerán en nuestra Tierra, aportando la mutación necesaria para crear y disfrutar la nueva Era.

 

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