2. El ombligo del mundo (1990-91)

El vientre de la madre, fragmento. Una serie fotográfica documenta cada uno de los tres suelos de colillas de 4 x 4 m que posteriormente fueron barridos ante el público. Quedan las fotografías y el video. El objeto central ha desaparecido.

Barrer, borrar, desvelando el cuerpo de dolor

Tejo mi destino, como hace la araña, a partir de mi propio material: la experiencia. Las colillas son los restos de una actividad del mismo modo que la obra artística es el final de un proceso que no nos es permitido ver.  ¿Y si el acto de fumar fuera una forma de improductividad, creada en resistencia a la convención de fabricar artificialmente objetos de autor?

Reconstruyo mi imagen. ¿Cómo percibe la mujer a su propio cuerpo sin la mediación que la mirada masculina ha construido a lo largo de los siglos? Elijo mi torso, mi pecho, mi trasero, y con este gesto abandono la pintura, la seguridad, dejo atrás la casa del padre, la herencia de la academia, de la moda de los 80.

Después la destruyo, la de-construyo, así pongo en valor el proceso, recupero la naturaleza efímera del hecho artístico. Con el pincel convertido en escoba me dispongo a barrer los residuos del hacer, y tras el polvo y la sequedad de boca, el hedor de la ceniza que impregna la galería, quedan únicamente los documentos de lo que sucedió. El objeto único -y la pintura matérica heredera del informalismo catalán- ha muerto. Ahora permanece digitalizado en un disco que permite la reproducción en papel fotográfico de diversas tomas fotográficas que muestran distintas perspectivas y  momentos del proceso, lo que multiplica un única pieza en una miríada de obras.

 

 

Cuenta Mircea Eliade en Lo sagrado y lo profano que el axis mundi marcaba el centro fundacional de los asentamientos humanos. El ombligo del mundo -Delfos era un eje vertical que conectaba el submundo y la materia con el misterio de la Luz o el mundo celestial- era un punto central de donde nacían los dos ejes cardinales que, en forma de cruz, marcaban y ordenaban la rejilla del espacio-tiempo.

Así también cada colilla insemina un punto en una trama virtual que toma la forma del vientre materno, del espacio seminal del antiguo arquetipo del Femenino, de la Diosa, del origen de la Vida.

 

 

Barrer es un acto cotidiano relegado al invisible e infravalorado territorio de los cuidados que tradicionalmente ha pertenecido a la mujer o el subalterno-.  Transformo en un ritual sanador del colectivo el barrido de los cientos de colillas que han sido pacientemente dispuestas en el lienzo por el espacio de varios días, siguiendo diversos patrones realizados previamente en un conjunto de pinturas. Cada colilla ha sido cuidadosamente conservada por los fumadores voluntarios en un contenedor que contiene un texto y una imagen despegable del resultado final que, a modo de intercambio, regalo a los participantes.

 

 

Fumar nos conecta con el instinto de la nutrición y la supervivencia, pero el bebé que succiona no solamente se nutre de la lecha materna sino del calor afectivo que le transmite el contacto corporal de la madre. Los pulmones acunan el corazón, y el humo inspirado y retenido momentáneamente transmite calor a ese centro de la volición. Con esta obra iniciática acepto y reviso esta carencia de nutrición afectiva, la absorción del líquido que me transmitía la difícil aceptación de mi cuerpo de mujer cuando de mi se esperaba ver nacer a un niño. A partir de este trabajo, los líquidos, los tóxicos y su limpieza empiezan a formar parte de mi labor como artista.

 

 

 

 

…Nostalgia. Repetición continua de un número limitado de gestos y comportamientos.

Con el cigarrillo encendido, conservamos el fuego ancestral, convertido en metáfora del consumo. Los cigarrillos son también esas pequeñas esferas del rosario, o los antiguos nudos que se utilizaban como estímulos de la memoria; las palabras se recitan desgranándose sobre la cuerda. El tiempo pasa.

¿Cómo mitigar la ansiedad bucal cuando uno intenta dejar de fumar? Comer, chupar… Al cabo de veintiocho días, rompo la abstinencia, y con el reinicio, decido recoger día a día los residuos de este vicio.

La acumulación entendida como un ejercicio de conciencia.  

Escojo una tarde y un espacio, un punto central –el ombligo de la Tierra– a partir del cual nacen los cuatro horizontes.

Deposito, insemino las colillas en el suelo, en forma de red ortogonal a partir de esa cruz central.

Del mismo modo que el hombre entierra las semillas siguiendo un orden regular, adaptándose a las protuberancias del paisaje, así coloco las colillas, formando un tejido que viste un cuerpo de mujer.

La Tierra se extiende de Oriente a Occidente, separando sus miembros como un feto en la matriz….

(extracto del texto que acompaña la exhibición de El ombligo del mundo, 1990)